«… Pero
la providencia es caprichosa, a la par que divina, y quiso disponer en las
manos de Fernando el cincel con el que un líder había de esculpir un solo
escudo sobre la dura piedra de dos tierras hermanas…» (Francisco Javier Parras
Álvarez, pág. 26, «Atalaya de mármol»).
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