«… La
muchedumbre atestó el recinto sagrado y de improviso el silencio dominó la
atmósfera. Expectantes se asomaban las cabezas, y el murmullo de los niños
excitaba la impaciencia. De pronto la voz rugiente de un miembro de las órdenes
anunció: “¡El pueblo de Burgos recibe a su majestad Fernando, rey soberano de
Castilla y de Toledo!”…» (José Lecaros de Nevares, pág. 64, «21 de marzo»).
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