ÉXTASIS Y PROFECÍAS
«Facer
Españas», sí, pero… ¿qué Españas?
Antiguamente
se llamaban «patrias chicas»… ahora crecen y crecen y la «patria grande» va
camino de ser invisible. Tal vez estemos copiando del universo que, al tiempo
que se destruye, también se construye.
¿Cuándo
una cosa se hace inevitable?
Para
modelar el país al que pertenecemos a los ciudadanos de España nos faltan
manos. Manos llenas de integridad, justicia, coraje y humildad que hagan digna
a esa persona que nos guíe dentro del cosmos llamado política.
Discursos
y soflamas de doble filo sirven tanto para la unión, «juntos, somos más», como para el caos, «nosotros, sí; los otros,
jamás». El todo o las partes.
El
habitante de las diecisiete Españas, hipnotizado, sigue el vaivén del péndulo
buscando llegar a su propia identidad, gallego o extremeño, vasco o español.
Y así,
mientras estamos tan preocupados con «nuestro problema», el ser «inhumano»
fabrica nuevas formas de patria cargadas de éxtasis y profecías que provocan la
locura del fanatismo, haciendo del planeta un escenario en el que guerras de
todo signo llenan el mundo de llanto y orfandad…
¡No! No
me resigno ante las matanzas de seres humanos en el mundo, ni tampoco quiero
limitarme a protestar. Quiero pertenecer a esa minoría de locos repartidos por
todo el planeta que piensan que el amor es más importante que la guerra y que
el lugar que habitamos ha de llamarse hogar.
Ha llegado
el momento de proclamar que, para el establecimiento de la paz y la dignidad
humana, cada uno de nosotros debe trabajar hasta el final, como ciudadanos de
un lugar en el que la ética sea la única frontera.
Con el
puño cerrado, ya nos lo decía Gandhi, difícilmente se puede intercambiar un
apretón de manos.
Teresa Cormenzana
Garro
(IX Antología)
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