SER MUJER EN ESPAÑA
No sé qué es lo que mi patria esperaba de mí al nacer.
Nunca fui nadie especial ni me he sentido jamás una heroína, ni tampoco he sido
defensora de esta tierra, porque nunca conocí una guerra. Jamás enarbolé una
bandera demandando justicia, porque dentro de su imperfección, la he conocido y
palpado precisamente dentro de su territorio.
No sé qué es lo que España deseaba de mí con el paso del
tiempo. No hablé nunca para multitudes ni representé fundaciones imponentes.
Mis mensajes son el día a día desde mi humilde rincón. La igualdad, el respeto,
tender mi mano a los que piensan de manera diferente y comprenderlos, abrir mis
brazos a los necesitados que llegan de otras tierras, como aves perdidas y
sedientas; esa es mi postura. No he sido nunca líder de masas, pero en mis
actos y mis palabras hay y habrá siempre comprensión y generosidad.
Es cierto, no sé qué es lo que mi tierra quería de mí
conforme he ido envejeciendo. Nunca he sido una persona que haya destacado en
actividades progresistas, políticas o gubernamentales, pero sí he trabajado y
trabajo con honradez dentro de mi profesión. Tampoco he sido representante en
actividades imponentes, ni famosa por haber desarrollado algún arte, pero sí he
propagado sencillez, humildad y un comportamiento tolerante. Es de esta forma
natural, sin estridencias, la de la gran mayoría de compatriotas, como hay que «facer
Españas».
Hermelinda
Rodríguez Salgado
Trabaja en la
Administración Local
CÁCERES
(IX Antología)
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