«… La relección anual versó sobre la
defensa de los derechos humanos de los indios americanos porque lo que de
verdad importa son las personas, la lealtad, los afectos. Su sonrisa iluminada
de paz y su inclinación a la humildad desarmaron al auditorio. Las bases del
derecho internacional estaban puestas gracias al derecho de gentes...» (pág.
64, Luis Miguel Carreras Jiménez, «Una lección de amor»).

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