martes, 27 de enero de 2026

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES

 




«… Pero la providencia es caprichosa, a la par que divina, y quiso disponer en las manos de Fernando el cincel con el que un líder había de esculpir un solo escudo sobre la dura piedra de dos tierras hermanas…» (Francisco Javier Parras Álvarez, pág. 26, «Atalaya de mármol»).


lunes, 26 de enero de 2026

ANTOLOGÍA 2024: DONDE REZAN LAS PIEDRAS

 



DONDE REZAN LAS PIEDRAS

 
Fernando camina entre muros que no resuenan. Los soldados le ven como rey, pero él solo siente el peso de un nombre que le precede. En la mano, la espada; en el pecho, una oración aún sin escribir. Sabe que la guerra nunca purifica, pero calla, porque la fe también es silencio. De noche, descalzo, entra en la ermita. No pide victoria, sino comprensión. El viento le susurra el nombre del padre, del hijo, de una esperanza que se deshace. Sobre la piedra fría apoya la frente y deja allí una pregunta: «¿Puede un hombre ser santo si duda?».
 
Las ciudades conquistadas le hablan con lengua antigua, y él las escucha como quien oye misas dichas por voces de otros siglos. No busca gloria, sino un rincón donde la memoria pese menos. Se viste de rey, pero sueña ser pastor. Algunas noches se desvela y escribe con el dedo sobre el polvo: «He amado a Dios, pero no sé si él me ha visto».
 
Cuando muere, nadie sabe si sonríe. Pero entre las piedras del monasterio queda un calor leve, como de un alma que aún busca su lugar entre la historia y el silencio.
 
 
Júlia Rosell Saldaña
Seudónimo: Pilum Muralis.
Barcelona, 1987.
Escritora y compositora por vocación, pensadora amateur y exploradora simbólica del mundo.
Ganadora de varios certámenes literarios, está especializada en inteligencia artificial y poshumanismo por vocación filosófica.
Ganadora de varios certámenes literarios, está especializada en inteligencia artificial y poshumanismo por vocación filosófica.
(XVIII Antología)
 

viernes, 23 de enero de 2026

ANTOLOGÍA 2025: LA CRUZ Y LA ESPADA

 



LA CRUZ Y LA ESPADA

 
Sevilla, 1248.
 
Extraño las cartas de Luis, noveno rey de su nombre, que ya no llegan de Francia. Es primo mío y su madre, la reina doña Blanca, hermana de doña Berenguela, la mía, quien ya goza del Señor. Nos han educado de un modo tan similar, con tal embeleso en Dios y en la pobreza, con tal sangre de conquista, que uno parecemos. Yo, el mayor, atónito ante la perfección de su espíritu.
 
Luis parte ahora al mando de la Séptima Cruzada desde Aigues-Mortes, intentando llegar a Damieta, en Egipto, pues de nuevo ha sido tomada Jerusalén.
 
Yo procuré, Señor, devolverte las invadidas tierras, y que volteen las campanas en tu alabanza desde los que minaretes fueron. A ello, al temor de mis pecados y a la formación de mis hijos, he dedicado mi vida.
 
Me han relatado los cancilleres que el monarca inglés, Enrique III, es también devoto y llora durante los sermones, lo que me complace grandemente. Reza a san Eduardo el Confesor, como yo hago con san Isidoro. Toca a los que padecen escrófula y, por el poder del Altísimo, se curan muchos.
 
Nosotros somos ejemplo de nuestros súbditos y cuanto más cercanos a Dios, más se aproximarán ellos a él, y la modestia en los reyes, siendo más visible, hace frugales las cortes. Y el extender la fe, aun a costa de la vida, es obligación de quienes aguardan la consolación eterna.  
 
Así han arribado mis hombres al sur de la península: con la cruz en una mano y la espada en la otra. Con esta última nada es posible si la cruz no lo ha dictaminado así. Tal lo he observado en la providencia, que quiso hacerme rey, tras la desaparición de tantos herederos que me antecedían. No verán mis ojos, cuyo pábilo ya se extingue, una totalmente cristiana Europa. Pero mi hijo Alfonso lo hará. Así sea.
 
Yo, Fernando, rey por la gracia de Dios
 
 
Gloria Fernández Sánchez
Madrid, 1960.
Licenciada en Derecho y en Historia Antigua.
Ganadora de unos noventa premios literarios en la última década.
Ha publicado quince libros y fue parcialmente traducida al italiano y al alemán.
(XVIII Antología)

 


jueves, 22 de enero de 2026

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES

 




«… Gran señora, faro en la tormenta, / tejió con hilos de amor y firmeza / el manto que cubriría a un rey, / y en su pecho el eco de un corazón guerrero / resonó, eterno, en la historia y la leyenda…» (Manuel García González, pág. 22, «Doña Berenguela»).


miércoles, 21 de enero de 2026

ANTOLOGÍA 2025: ATALAYA DE MÁRMOL

 



ATALAYA DE MÁRMOL

 
De mi vientre nació un niño al que pusimos de nombre Fernando, pero al que los castellanos apodaron como el Leonés y los leoneses como el Castellano. Criatura de regios padres, pero sin más destino que estirar sus días bajo las sombras de sus progenitores, largas como atalayas de mármol. Pero la providencia es caprichosa, a la par que divina, y quiso disponer en las manos de Fernando el cincel con el que un líder había de esculpir un solo escudo sobre la dura piedra de dos tierras hermanas.
 
Primero fue coronado en Castilla gracias a mis gestiones y, pese a su juventud, supo apaciguar a nuestro sufrido reino de las terribles fiebres que sus luchas intestinas le provocaban. Tan joven y tan sabio.
 
Pero no eran tiempos de dormirse en los laureles. Las tierras del sur clamaban por tambores de guerra, y el rey Fernando acudió en su auxilio, mordisqueando la vega del Guadalquivir y erosionando las altas cumbres de Sierra Morena. Paso a paso, poco a poco. Implantando el cristianismo allá donde antes reinaban los moros.
 
A la muerte de su padre, la corona del reino de León reposó sobre su cabeza, reduciendo a cenizas el fuego que enemistaba a dos hermanas y uniendo en un solo corazón sus almas heridas. Rey Fernando III de Castilla y León: pacificador, reunificador y guerrero al mismo tiempo.
 
Mas aún quedaba otra importante batalla que librar para ser considerado como un grande de nuestra patria: achicar la antigua al-Ándalus al reducido territorio del reino de Granada.
 
Y yo, doña Berenguela, confirmo la veracidad de las proezas de tan magno «facedor de Españas», de la misma forma que puedo asegurar que un día lo vi salir de mis entrañas.
 
 
 
Francisco Javier Parras Álvarez
Reside en Paterna (Valencia).
Premios: el XIII premio de relato corto Encarna León; el VI certamen de microrrelatos 100 Palabras para la Igualdad; el III concurso de literatura infantil Hortensia Roig y el I certamen A de Alzhéimer.
Publicaciones: 1911 Cosecha de una tierra sin arar y El valle donde no se utilizaban los números negativos.
(XVIII Antología)
 
 
 

martes, 20 de enero de 2026

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES

 




«A mitad de camino, entre Helmántica culta / y Zamora enrocada en su concha de piedra, / una torre dorada, al lado del asfalto, / nos recuerda que ahí cerca estaba Bellafonte, / donde nació Fernando, el rey que unió Castilla, / vigorosa y pujante, con León y su historia…» (J. A. Gago, pág. 18, «Rex Fernandus Montesinus»).


viernes, 16 de enero de 2026

ANTOLOGÍA 2025: DOÑA BERENGUELA

 



DOÑA BERENGUELA
 
Doña Berenguela, escudo y resguardo,
alzó su amor contra el oscuro abrazo
de los Lara, carroñeros de trono y poder,
que acechaban al hijo, futuro y esperanza.
El padre, dubitativo, cedió el paso,
y ella, firme en su gesto, trazó el camino.
 
En los campos del mercado, los concejos vibraron,
voces unánimes clamaron por el joven rey,
y bajo el cielo de Castilla, Fernando III ascendió,
coronado por la voluntad de un pueblo
y el coraje de una madre que, cual astro fiel,
iluminó su destino con manos de acero y alma de luz.
 
Gran señora, faro en la tormenta,
tejió con hilos de amor y firmeza
el manto que cubriría a un rey,
y en su pecho el eco de un corazón guerrero
resonó, eterno, en la historia y la leyenda.
 
Campeón de la paz, señor de la cruz,
tu nombre es un suspiro en el viento,
un eco que perdura en la memoria
de siete años de tregua, de silencio,
entre el fragor de Castilla y el almohade.
 
Tú, que supiste esperar,
decidiste que era hora de volver
a rescatar lo que el tiempo había arrebatado,
lo que a la cristiandad, con voz callada,
pertenecía.
 
Con todos hablaste,
no con la lengua del poder,
sino con la palabra que nace del alma,
la que une, la que comprende,
la que siembra esperanza en el desierto.
Y a todos escuchaste,
no con el oído que juzga,
sino con el corazón que late
al ritmo de los sueños ajenos.
 
Y cuando llegó la hora,
cuando el destino te llamó,
no dudaste en empuñar la espada,
no temiste al fragor de la batalla.
Porque no era la gloria lo que buscabas,
ni el brillo efímero de la victoria,
sino la luz de la cruz.
 
Y así, con valor y con fe,
luchaste, venciste, ganaste,
no para ti, sino para aquella cruz
que en tu pecho latía,
y que hoy, en el recuerdo,
sigue viva,
como un faro en la noche de los tiempos.
 
 
Manuel García González
Nació en Alcoy (Alicante), sesenta y dos años.
Premios: ganador del LIX certamen literario nacional (poesía) del Ateneo Cultural y Mercantil de Onda; primer premio de poesía en el I certamen literario Talavera Distópica.
Publicaciones: la novela K: La última esperanza de la humanidad y los poemarios Galicia, un paseo poético, Un unicornio entre barrotes y Poemario de Urgencias.
(XVIII Antología)
 
 
 

jueves, 15 de enero de 2026

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES

 




«… “Señor —su voz era una piedra arrojada a un pozo—, ¿qué haréis con Sevilla?”. Miré a mi alrededor, dejando que mis ojos resbalaran sobre las columnas esbeltas, los azulejos cubiertos de polvo, los jardines sumidos en una melancolía vegetal. Mi respuesta llegó con el tono de quien se contesta a sí mismo más que al otro. “Nada —murmuré—, salvo dejar que siga siendo hermosa”…» (Raúl Ordás Fernández, «Entrada en Sevilla», pág. 16, Tercer Premio Orola 2025).


miércoles, 14 de enero de 2026

ANTOLOGÍA 2025: REX FERNANDUS MONTESINUS

 



REX FERNANDUS MONTESINUS

 
A mitad de camino, entre Helmántica culta
y Zamora enrocada en su concha de piedra,
una torre dorada, al lado del asfalto,
nos recuerda que ahí cerca estaba Bellafonte,
donde nació Fernando, el rey que unió Castilla,
vigorosa y pujante, con León y su historia.
 
Cuando asaltó a la reina la premura del parto,
Alfonso y Berenguela caminaban sus reinos
y hallaron un asilo, casi un humilde establo,
en aquellos desiertos de jaras y alcornoques.
 
Dicen que Martín Cid, primero en soledad,
después con cuatro monjes que Claraval mandara,
guiaba peregrinos y les daba cobijo.
 
Después la providencia (o el azar o los astros)
hicieron de aquel niño caudillo poderoso
y bíblica semilla de futuros imperios.
Bellafonte fue, en pago, verde Valparaíso
y, al fin, piedras dispersas del ciclón de los siglos.
 
Quizá lo único cierto son caminos y pasos
que desbrozan misterios y diluyen fronteras:
Viriato libertario, los nostálgicos godos,
los miliarios romanos en sólidas calzadas,
salvajes despoblados, las razias agarenas,
inquietos estudiantes, curiosos arribistas,
el trajín de este siglo mendaz e iconoclasta
y flechas amarillas que apuntan a Santiago.
 
A mitad de la ruta, entre ayer y mañana,
como en una partida de ajedrez infinita,
se levantó la torre, como un juguete casi.
El rey Fernando guarda la clave de la puerta
con la espada en el hombro como un rey de baraja.
Lo acompañan laureles de estirpe cuartelera
y taus que nos remiten a bosques de misterio.
Alrededor la verja, esquemática y negra,
remeda una inconclusa coronación de espinas.
Los caminos se pierden en todos los sentidos
cuando avanza el imperio de alcornoques y jaras.

 
J. A. Gago
(XVIII Antología)
 
 
 
 


martes, 13 de enero de 2026

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES

 





«Los reyes se suceden como el pulso de la historia: algunos son sombra que se desvanece, otros quedan anclados en la carne de los siglos. Fernando, en cambio, no es solo un nombre en la piedra, sino la argamasa misma que sostuvo un reino que aún no entendía su unidad…» (Cristina García Grueso, pág. 14, «Fernando III: el fundamento de la luz», Segundo Premio Orola 2025).